La mujer de Márquez no es más que la voz de la realidad socio-cultural. Este autor ubica a la mujer como la persona centrada, conciente y a veces, como es el caso de Úrsula, amargada por los problemas económicos y sociales de los entornos en que interactúa. En general, son las mujeres las únicas concientes de las crisis en que se encuentran todos los personajes. Un claro ejemplo es la esposa del coronel en la obra "El Coronel no tiene quien le escriba". Este personaje, que aparece sin nombre, es la encargada de ubicar o centrar a su esposo en las precariedades en que viven, de la necesidad de vender al gallo que su marido atesora tanto o conseguir por cualquier otro medio estabilidad económica. Se vuelve la conciencia de la miseria de la realidad y la aceptación de una identidad femenina rigurosa e indomable, por momentos doblegada frente al hombre, pero firme en sus reclamos y principios.
El hombre es un concepto totalmente distinto. Por lo general son hombres impulsivos, inconcientes, idealistas que se aferran a sus creencias sin entender de razones. Son seres apartados de la sociedad, por ejemplo los Buendía, que solo buscan la plena realización de sus planes, por más necios y ridiculos que estos parezcan. Para poder ubicar mejor estos términos hay que observar la ingenuidad del Coronel quien pese a llevar años en espera de su pensión sigue con el anhelo de recibirla. Además, se vuelve un inconciente y sentimentalista al priorizar la vida del gallo, que su hijo le deja por herencia, antes que la de él y su esposa.
Se da entonces una clara relación de opuestos, donde la ingenuidad, terquedad y sentimentalismo del hombre se ve continuamente cuestinada y reprochada por el sentido conciente de realidad de la mujer.
Esposa del coronel: "Dime, qué comemos".
Coronel: "Mierda"
Coronel: "Mierda"
Fragmento de "El coronel no tiene quien le escriba"
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